Historias de nuestro buzón

Nuestro buzón de libros nos está dando más de una alegría. El ver cómo los niñ@s se acercan a él con ilusión y se llevan algún libro dejando otro a cambio, no tiene precio, pero hace unos días me ocurrió una cosa muy curiosa.

Llamaron al timbre y cuando salí, me encontré con un vecino al que todavía no conocía. Se presentó y nos dio la enhorabuena por la iniciativa. Comenzamos a hablar de libros y él dejó clara su pasión por ellos. Me habló de uno en concreto “El hombre del saco”, que en su día prestó a alguien y nunca más volvió a ver. Me dijo que lo había buscado por todas partes pero que al parecer estaba descatalogado. Me pidió que si por un casual lo veía o sabía donde comprarlo, le avisara. Y así nos despedimos.

BUzon

Lo primero que hice fue buscarlo en internet y vi que se trataba de un libro que había sido prohibido durante el franquismo ya que relataba los pormenores de la postguerra en la provincia de Sevilla. El libro cuenta la historia del hombre del saco, un hombre que recorre la provincia recogiendo todo aquello que otros quieran darle, además de sus historias.

Tuve suerte, di con la editorial que lo había publicado, la cual tiene librería en Sevilla. Les envié un email preguntando por el libro y me dijeron que tenían varios ejemplares. Escribí en un papel todos los datos y se lo acerqué a mi vecino que lo recibió con gran alegría.

Al día siguiente, este volvió a llamarme y me contó que su hija se había puesto en contacto con la librería pero que al parecer no quedaban ejemplares. Aquello me pareció raro puesto que en la respuesta a mi email me confirmaban que sí, que disponían de ellos. Bueno, pues ahí quedó la cosa.

Esta mañana, me ha sonado el timbre, era de nuevo mi vecino. “Mi hija me trajo ayer un paquete diciéndome que no sabía qué era y cuando lo he abierto he visto el libro. He leído unas cuantas páginas y aunque este es nuevo, es igual que el que yo tenía. Solo quería darte las gracias”, me ha dicho visiblemente emocionado. Al parecer su hija le mintió para darle una sorpresa y a final nos la ha dado a los dos. Yo también me he emocionado y me apetecía compartir con vosotros esta bonita historia.

 

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Todavía…

Todavía hoy, a pesar de que han pasado cinco años, sigo recordando ese puto catorce de noviembre como si fuera ayer. He intentado borrarlo por todos los medios de mi cabeza pero cuanto más lo intento, más claro lo recuerdo. Las imágenes se quedaron grabadas como si de fuego se trataran y temo, que jamás podré deshacerme de ellas.

Todavía hoy, al escribirte estas líneas, sigo sin poder controlar las lágrimas y me temo que por mucho que pasen los años, no lo lograré jamás. Tu ausencia cada día está más presente y con cada emoción que vivo, no dejo de pensar en lo mucho que me gustaría compartirla contigo.

Todavía hoy, sigo sintiendo rabia. Sé que te prometí que me desharía de ella y te juro que lo he intentado. He pintado muchos cuadros en los que creí dejar encerrada esa rabia para siempre, y he escrito una cantidad de cartas en las que de alguna forma, esa misma rabia también creí liberar pero hay una pequeña parte, se resiste a dejarme.

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Todavía hoy, sigo sin comprender por qué tuvo pasar. No era el momento,  tenías muchas historias por vivir, muchos momentos en los que reír y supongo que otros en los que llorar pero sobre todo, los que tenías que compartir a mi lado.

Todavía hoy, a pesar de escribirte todos los catorce, me tiemblan las manos. Decirte lo mucho que te echo de menos y que te quiero a través de un papel o de un teclado, me rompe el corazón.

Todavía hoy, tu número de teléfono sigue grabado en la memoria de mi inalámbrico y ni te imaginas la de veces que lo he cogido para llamarte, sin ser consciente de que no volveré a escuchar tu voz.

Todavía hoy, mezclo los tiempos verbales porque me es imposible abandonar el presente y aceptar el pasado.

Todavía hoy, te echo de menos y lloro por no tenerte a mi lado.

Nueva aventura

Llevaba tiempo sin escribir en el blog pero la nueva aventura que he iniciado junto a mi mujer me ha quitado tiempo para escribir. Hace unos meses decidimos comprarnos una casa y la tarea no ha sido nada fácil. Lo primero que hicimos, imagino como el resto de los mortales, fue bajarnos todas las apps donde aparecían viviendas en venta por nuestra zona. El primer mes fue desalentador. La mayoría de las ofertas se escapaban  a nuestro presupuesto y las que encajaban, las viviendas estaban para derrumbar y levantarlas de nuevo. Horas y horas revisando miles de anuncios que no nos llevaban a ninguna parte. Un día encontramos una que más o menos encajaba con nuestras preferencias y después de estar varias semanas tratando con la agencia correspondiente y los dueños de la vivienda, no hubo forma de poder visitarla. A pesar de estar en venta, los dueños no conseguían encontrar un hueco para que fuéramos a verla. Ese fue el primer golpe de desilusión.

Hemos tenido que tratar con diversas agencias porque cada anuncio que veíamos pertenecía a una distinta. La primera con la que hablamos, nos mostró una vivienda que no nos gustó demasiado porque necesitaba muchas reformas. Al explicárselo al comercial su respuesta fue: “Por ese precio no vais a encontrar nada mejor en esta zona”. Entiendo que debe hacer su trabajo pero también debería respetar las decisiones del comprador (al final hemos comprado en esa zona y a mejor precio). De esa inmobiliaria no volvimos a saber nada más hasta que hace unos días, cuando ya habíamos comprado nuestra vivienda, llamaron para preguntarnos si ya habíamos encontrado algo y en qué precio la habíamos adquirido. Obviamente no le di explicaciones porque la llamada me pareció de muy mal gusto.

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La segunda inmobiliaria que se cruzó en nuestro camino se empeñaba en mostrarnos viviendas que nada tenían que ver con lo que nosotras habíamos pedido o comentado. Y la que queríamos visitar, no había forma de hacerlo. Nuestra desesperación iba en aumento. Yo le preguntaba a mi mujer, ¿en serio que esta gente quiere vender su casa? Porque no entiendo nada.

Fueron pasando los días y los meses y mientras seguíamos interesándonos por otras viviendas, conocimos a otros profesionales del sector. Uno en concreto, nos comentó que la vivienda por la que preguntábamos ya se había vendido pero que tenía muchas más. Al consultarnos qué buscábamos, le expliqué que queríamos un pequeño patio pero que fuera privado donde poder tomar el sol y su respuesta fue: “Para tomar el sol te vas a la playa”. Sí, sí, yo también aluciné. Ni qué decir tiene que ese hombre prometió buscarnos la casa de nuestros sueños pero nunca más volvió a dar señales de vida. También hubo otros que nos informaron de todas las viviendas de las que disponían y pelearon por llegar a un precio razonable pero finalmente no hubo suerte.

Después de todas estas andanzas, apareció aquel anunció. Solo había una foto, la del patio delantero pero nos encantó. No perdimos ni un segundo y concertamos la cita para verla. La inmobiliaria (una nueva) nos trató de maravilla desde el primer momento y por fin, conseguimos la casa de nuestros sueños.

Con todo esto lo que quiero dejar claro es que a pesar de haber sufrido tanta incompetencia, todavía quedan profesionales que aman su trabajo y se preocupan por las necesidades de los demás porque la compra de una vivienda no es solo eso, se trata de conseguir un hogar.

Ahora nos espera una nueva aventura, la de las pequeñas reformas. Hemos solicitado algunos presupuestos y me temo que siguiendo la misma línea, muchos jamás llegarán a nuestras manos.

Para el 2018…

Para el 2018 no quiero más despedidas, no podría soportarlo; no quiero palabras que hieren; no quiero hipocresía; no quiero maldad; no quiero violencia; no quiero mentiras; no quiero tristeza y no quiero compromisos absurdos.

Para el 2018 quiero: reír más; quiero bailar más; quiero pasear de la mano contigo; quiero más tardes de sofá a tu lado; quiero más paseos con Dafne; quiero más tardes de lluvia; quiero más lectura; quiero escribir muchas historias; quiero jugar más con Sam y Jack; quiero más series; quiero más flores en nuestro patio; quiero más barbacoas en buena compañía; quiero gente auténtica; quiero verdad; quiero más música; quiero pasar más tiempo con los míos; quiero más viajes contigo; quiero más abrazos; quiero más besos; quiero ser yo por encima de todo; quiero tus miradas; quiero tu risa; quiero tu sonrisa; quiero más desayunos en la cama; pero sobre todo, lo que más quiero es verte feliz.

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Dejando atrás…

La última vez que estuve visitando mi tierra fue hace diez meses y aunque en esta ocasión creía que no tendría que afrontar más despedidas, no he podido errar más en mis pensamientos.

Los motivos del viaje eran varios, uno maravilloso, como la presentación de mi libro y otros no tantos.

Es curioso cómo nos creamos unas expectativas y luego la realidad consigue hacerlas desaparecer de un plumazo.

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Sé que siempre hay que quedarse con lo bueno. Me he reencontrado con gente a la que quiero y hacía tiempo, mucho tiempo que no veía y ha sido un regalo maravilloso pero también tengo la sensación de que en este viaje, he dejado atrás muchas cosas.

Al mismo tiempo que me alejaba de allí, mientras conducía, sentía que no solo dejaba atrás la carretera y kilómetros de distancia. He dejado atrás algunos pesos que llevaba desde hace tiempo en mi mochila y que me impedían avanzar. He dejado atrás muchos sentimientos que me producían dolor y ahora tengo la certeza de que ya no volverán a hacerme daño.

He dejado atras todo aquello que me lo pedía a gritos. Siento que hoy comienza una nueva andadura para mí y aunque sea difícil, estoy convencida de que lograré superarla porque voy más ligera de equipaje.

 

Todo ha cambiado

Todo ha cambiado desde que te fuiste. Hoy se cumplen cuatro años de tu marcha y mi dolor es lo único que no ha cambiado.

Todo ha cambiado. Estoy aquí, en Beasain y el pueblo ya no es el mismo. Sigo recorriendo las calles con ese pellizco en mi corazón. Siento que vamos a encontrarnos en cualquier momento. Cada calle, cada rincón, todo me recuerda que ya no estás.

Todo ha cambiado porque a pesar de estar rodeada de personas a las que quiero con toda mi alma, me faltas tú.

Todo ha cambiado desde aquel horrible catorce, que tuve que aceptar tu marcha para siempre y con ello sentir el mayor dolor que he sentido en toda mi vida.

Todo ha cambiado. He tenido que aprender a afrontar la vida y como tú me enseñaste, a comérmela a bocados, saboreando cada instante de felicidad.

Todo ha cambiado. Me he hecho más fuerte y tengo una mujer a mi lado que cuando sonríe, consigue iluminar toda esa oscuridad que tanto me persigue.

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Todo ha cambiado. Ahora me siento capaz de cualquier cosa. Por fin he seguido tus consejos y hoy más que nunca, lucho por lo que creo.

La vida es un constante cambio pero ojalá pudiera viajar en el tiempo y hacer que aquel fatídico día no llegara a ver la luz jamás.

Todo ha cambiado pero mi amor por ti sigo intacto. Cada día que pasa mi corazón grita más y más fuerte, lo mucho que te sigo echando de menos.

Todo ha cambiado. Tanto es así que estoy reconciliándome con este maldito dolor. Aceptándolo de una vez por todas y cediéndole el espacio que necesita.

Todo ha cambiado pero si algo tengo claro es que nunca te marcharás del todo porque mientras me quede un halo de vida, seguirás viva junto a mí.

Todo ha cambiado, sin embargo yo siempre te querré.

Ten paciencia

“Ten paciencia”, me decías una y otra vez. “Nunca pierdas de vista tus sueños pero debes trabajar para conseguirlos. No te preocupes, tarde o temprano se harán realidad.”

¡Qué razón tenías! Ha pasado algo más de un año desde que publiqué mi primer libro y aunque aquello ya me pareció imposible, ahora le toca el turno al segundo.

Recuerdo cuando compraba algún libro y te decía: “Mira ama, si algún día publico mi libro, me gustaría que fuera con esta editorial”. Y unos años más tarde, la editorial decide apostar por esta historia y se vuelven a cumplir mis sueños.

Ahora más que nunca tengo presente aquellas palabras: “Ten paciencia”.

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El 17 de Noviembre presentaré la novela en una librería de Donosti y aunque me he prometido no llorar mientras escribía estas palabras, no consigo contener las lágrimas al pensar en ese día. Siempre lo había imaginado contigo sentada en primera fila y ahora sé que estarás pero no de esa manera. Te sentiré, porque siempre lo hago y aunque no te vea, veré tu sonrisa y cuando mi voz se ponga a temblar a causa del nerviosismo, tu mirada me tranquilizará y el corazón dejará de dolerme por unos segundos porque ha comprendido que no te has marchado del todo.

GRACIAS por enseñarme a tener paciencia y sobre todo, GRACIAS por enseñarme a creer en los sueños.

63

Hoy cumples 63 y aunque han pasado casi cuatro años, sigo cogiendo el teléfono pensando que voy a encontrar tu voz al otro lado. Eso ya no puede ser pero no hay nada que me impida felicitarte y hablarte.

Mi corazón sabe comunicarse con el tuyo allá donde estés, así que ¡Felicidades amatxu! Este año mi regalo es una noticia que sé que te gustará: el mes que viene se publica mi segunda novela. La editorial está ultimando los detalles y creo que “No me olvides” va a ser un libro muy emotivo. He puesto gran parte de mí en él y o puedo evitar sentir mariposas revoloteando en el estómago además de cierto nerviosismo.

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Ahora más que nunca sigo tus consejos e intento alejar esos miedos. Sé que ahora toca disfrutar y dejar que esa historia vuele, lejos, muy lejos y consiga emocionar a muchas personas.

Me encantaría que estuvieras aquí para acompañarme en este nuevo sueño y sé que lo haces a tu manera, pero perdóname si te digo que echo de menos tus abrazos y sobre todo tu sonrisa. Esa sonrisa que siempre aplacaba mis enfados y la enorme positividad que desprendías y que hacía desparecer de un plumazo mi insistente negatividad.

Muchos días siento que no puedo seguir, que no voy a lograrlo sin ti, y entonces apareces como por arte de magia y me transmites esa fuerza que tanto necesito. Tu corazón le habla al mío y sin palabras le dice: “Siempre voy a estar a tu lado”. Y el mío le responde: “Te quiero mucho amatxu”.

La chica de la librería

Tú no lo sabes pero vengo a esta librería todos los viernes desde hace más de un año, solo para verte. Sé que te llamas Laura porque la chapita que adorna la solapa de tu uniforme, así lo dice. Me pierdo entre las estanterías y mientras finjo estar ojeando un libro, aprovecho para espiarte por el rabillo del ojo. Hoy pareces triste. Desde que he entrado no te he visto sonreír ni una sola vez. ¡Con lo que a mí me gusta tu sonrisa! Tal vez has tenido un mal día.

Un cliente acaba de preguntarte algo y tú sigues igual de seria. Lo acompañas hasta una estantería y le muestras el ejemplar que te ha pedido. El cliente te da las gracias y entonces vuelves a tu mostrador.

Sigo observándote desde mi privilegiada situación. Tu expresión sigue estando mustia y eso me preocupa. Me gustaría poder acercarme y preguntarte cuáles son tus desvelos, escucharte y devolver esa sonrisa tan mágica a tus labios, pero soy una cobarde. “Tal vez mañana”, me repito una y otra vez.

Una chica acaba de entrar y va directamente hacia a ti. Os habéis puesto a hablar como si os conocierais y yo he sentido una enorme punzada en el pecho. ¿Celos? Tal vez. Sí, claro que sí. ¡A quién pretendo engañar! Ojalá tuviera el valor suficiente para atreverme a hablar contigo.

Me acerco hasta otro estante porque llevo demasiado tiempo en el mismo sitio. No quiero que sospeches y creas que soy una de psicópata de esas que quiere hacerte daño. Jamás te lo haría. Te amo demasiado.

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Sin darme cuenta, he llegado a parar a la sección LGTB. No hay muchos libros pero al verlos, siento que los he leído casi todos. Uno de ellos capta mi atención. Se trata de Casi un amor de Radclyffe Hall. Lo conozco bien. Forma parte de mi colección y lo he leído en incontables ocasiones. No puedo evitar sentirme con Joan, una de las protagonistas, y me entristece pensar que mi valor, como el suyo, también morirá antes de aceptar lo que siento por ti.

     —Buenas tardes, ¿puedo ayudarte? —me sueltas apareciendo de repente a mi lado.

“Eres la única que puede ayudarme. Ayúdame a comprender estas mariposas que revoletean en mi interior cada vez que te veo. Ayúdame a controlar mis mejillas cada vez que nuestras miradas se cruzan. Ayúdame a entender por qué sigo ampliando mi colección de libros a pesar de no tener espacio libre en casa. Ayúdame a que de una vez por todas me arme de valor y te susurre al oído las palabras que llevo queriendo decirte desde hace más de un año”.

Entonces te miro a los ojos en un acto de valentía pero de nuevo, la cobardía que siempre me acompaña, vuelve a apoderarse de mí.

     —Solo estaba mirando. Gracias.

     —Es un libro muy bueno pero también muy triste. Por suerte no siempre todas las historias acaban mal. Si necesitas cualquier cosa, ya sabes donde encontrarme —dices así, sin anestesia. Creo que voy a desmayarme pero al final consigo mantener la compostura mientras observo cómo te alejas de mí. El tiempo se agota y hoy tampoco será el día en que me atreva a hablarte de mis sentimientos. Vuelvo la mirada hacia los libros y escojo uno entre los que no he leído. Después me dirijo hasta tu mostrador para pagar el ejemplar y despedirme de ti hasta la semana que viene muy a mi pesar.

     —Buena elección. Espero que te guste.

Mi escasa osadía solo me permite pronunciar un “gracias” que apenas se oye. Te doy la tarjeta de crédito acompañada de mi documento de identidad, esperando que no te fijes mucho en la fotografía porque ese día estaba horrorosa. No dices nada. Me cobras en silencio y yo bajo la mirada porque tengo unas ganas enormes de llorar.

     —Muchas gracias.

Salgo de allí lo más rápido posible porque mis ojos ya están cubiertos de lágrimas. Entonces escucho que alguien grita mi nombre.

     —¡Ana! ¡Ana!

Me doy la vuelta y veo que eres tú, que te estás acercando a mí.

     —Te has olvidado de algo —me dices pero yo no veo nada en tu manos que puedas devolverme. Te miro a los ojos intentando comprender qué es lo que he podido olvidar y de repente, tus labios se posan en los míos y me regalas el mejor beso de toda mi vida. Me acaricias la mejilla y me ofreces otro precioso regalo.

     —¡Tu sonrisa! Ha vuelto —te digo con emoción.

     —La guardaba para ti.

Palabras

Palabras. ¡Cuánto daño pueden hacer unas simples palabras! En ocasiones es difícil escoger las palabras adecuadas para expresar lo que sentimos pero cuando salen del corazón, entonces son la elección acertada. En cambio, cuando las palabras nacen del odio y del rencor, pueden llegar a doler mucho más que un buena bofetada. ¡Joder que si duelen!

Pero siempre hay elección para escogerlas. Cada uno es libre de elegir las palabras que quiera, aunque es importante pensar por un momento, en cómo pueden ser recibidas.

Las palabras son un arma muy poderosa y hay quien las maneja a su antojo. Sabe cuándo arrojarlas y de qué manera, para así producir mucho más daño.

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Pero también están las palabras que ayudan. Estas por ejemplo, que estoy escribiendo yo ahora mismo,  ayudan a mitigar el dolor que otras me han causado.

Ojalá todas las palabras fueran usadas con la misma intención, cualquiera menos la de hacer daño.

Hay quien dice que las palabras se las lleva el viento pero algunas tienen tanto peso que es casi imposible que se eleven y salgan volando.

También hay quien dice que a pesar de la intención de quien las lanza, luego está el poder de quien las recibe.

Tal vez yo carezca de ese poder.