Tu maravillosa labor

Manos

Sabes que escribo lo que me dicta el corazón y hoy me ha pedido que hable de tu maravillosa labor, eso que muchos llaman simplemente “trabajo” y que para tí era algo mucho más. La pasión con que lo hacías nunca ha dejado de sorprenderme. Cuando el teléfono sonaba a horas intempestivas, yo te preguntaba: ¿Cómo puedes no estresarte? y tú simplemente respondías, “porque me gusta mi trabajo”. Y entonces añadías esa pequeña pero gran gota de sabiduría y me decías: “No hay nada más gratificante en este mundo que hacer lo que a uno le gusta”. Qué razón tenías.

En un par de ocasiones, por circunstancias de la vida, tuve que desempeñar tu labor y me fue tremendamente difícil. Lo primero, por la cantidad de personas que dependían de tí y segundo, porque el trabajo con personas mayores, no es un mero trabajo, es muchísimo más. Ahora con el tiempo, me doy cuenta de que tenías un don. Es muy difícil contentar a todo el mundo pero tú siempre lo conseguías. Siento profundamente que muchas de aquellas personas a las que ayudaste no hayan sabido apreciarlo.

Recuerdo muchas temporadas de enorme trabajo, que a pesar de gustarte, también te agotaban. Yo, tu confidente, veía como muchas veces eras testigo de algo poco correcto y te las ingeniabas para arreglarlo pero sin castigar a nadie. Yo siempre te recriminaba por ello pero al final, te las ingeniabas para que nadie saliese herido, excepto tú, que sufrías esos problemas en silencio. Algunas de esas personas quizás ya lo hayan olvidado pero yo no, recuerdo perfectamente cómo ayudaste a cada una de ellas. Por eso me duele cuando alguien se olvida tan pronto de todas las oportunidades que le brindaste y la suerte que tuvo de haberse cruzado en tu camino.

A pesar de ocupar un puesto intermedio, eso no suponía ninguna diferencia para tí porque todas érais compañeras. Tu cargo, en mi opinión algo delicado, no te impedía ser justa porque siempre luchabas por las compañeras y por el bien de la empresa. Así es como te ganaste el respeto de todas, sobretodo de las que estaban por encima de ti que nunca hicieron alarde de ello porque se sentían igualmente compañeras. Quiero darte las gracias por poner a estas personas en mi vida. Me alegran el corazón cada vez que las veo y hablan de tí porque lo hacen con tanto respeto y tanto cariño… Además han estado conmigo desde el primer momento, regalándome todo su cariño. Gracias por poner personas tan maravillosas en mi camino. Prometo cuidarlas, quererlas y respetarlas siguiendo tu ejemplo.

Tu labor sigue viva y me consta que está muy presente.

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