Un café muy especial

Llego tarde, solo unos minutos. He quedado con alguien muy especial y por nada del mundo quiero llegar tarde. Entonces me paro a pensar y caigo en la cuenta de que hace más de veinte años que no nos vemos. Cuando estoy llegando la veo esperándome en la puerta del bar y cuando nuestras miradas se cruzan, vuelvo a sentirme como aquella niña de entonces que está sentada en supupitre atendiendo (o no, siendo sincera, era bastante charlatana) a sus explicaciones mientras comía uno de sus regalices favoritos. Por aquel entonces yo era bastante pequeña pero recuerdo aquella época con mucho cariño.


Nos encontramos en la red de una forma casi casual (bueno, mi vena periodística me ayudó un poco) y cuál fue mi sorpresa, que me recordabas entre tus much@ alumn@s. Tod@s hemos tenido alguna vez un profesor@ preferid@ y sin duda, tú fuiste mi favorita. Recuerdo que siempre llegaba llorando al colegio pero entonces, tú salías al patio y me cogías la mano. Solo así me calmaba. No había nadie más que pudiera conseguirlo. Todavía recuerdo cómo años más tarde mi madre solía bromear con aquello: “Hasta que no veías a Mila, no parabas de llorar”.

A pesar de que ha pasado mucho tiempo y parecer dos perfectas desconocidas, no lo he sentido así en ningún momento. Todo lo contrario, me has hecho recordar todo el afecto y cariño de antaño.

Pueden pasar los años pero cuando alguien te toca el corazón, eso es para toda la vida.

GRACIAS por ese café tan especial (al próximo invito yo) que espero que sea solo el primero de muchos más.

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