Quiero contarte…

Hoy quiero contarte tantas cosas…

Te fuiste un catorce y desde entonces, cada catorce te escribo. Hoy es dieciseis pero da igual, me apetece contarte muchas cosas.

Quiero que sepas que soy feliz y aunque tu ausencia me sigue rompiendo el alma, siento que no te has ido del todo y que estás aquí, a mi lado, compartiendo todos esos momentos felices que me regala la vida.

En estos días, la culpa de mi felicidad la tiene esa novela que comencé a escribir después de tu marcha y con la que reviví uno de los viajes más hermosos que hemos compartido. Las dos teníamos ganas de conocer Italia y decidíste contratar un tour por las principales ciudades. Tú ibas con ventaja porque ya habías estado en Roma. Recuerdo tu entrañable sonrisa frente a la Fontana di Trevi mientras lanzabas una moneda. “Si quieres volver, tienes que lanzarla”, me dijiste. En ese momento pensé que era tontería (aunque la tiré por si acaso) y años después, volvía a estar allí, delante de la majestuosa fuente, con mi mujer de la mano y echándote de menos.

Fontana.jpg

Son muchas las reseñas y comentarios que estoy recibiendo acerca del libro y por el momento, todas están siendo maravillosas. Incluso alguna de mis autoras favoritas lo han leído. ¿Se puede pedir más?

Algunas de esas reseñas destacan el acercamiento al mundo del arte, a la figura de Miguel Ángel. ¿Recuerdas cuando estuvimos en la Galeria de la Academia (Florencia) y vimos la escultura del David? Yo protesté ante la prohibición de poder sacar fotografías y tú me dijiste: “No necesitas fotos, es tan impresionante y tan bello que lo recordarás siempre”. Qué razón tenías. Todavía hoy, después de nueve años, sigo recordando cada detalle.

Nunca pensé que este libro conseguiría llegar a tantas personas. Tardé un año en escribirlo. Un año que volví a viajar a tu lado y recorrer esas maravillosas ciudades, Roma, Florencia, Nueva York… Sin duda, fueron unos viajes llenos de anécdotas e increíbles sensaciones que recordaré con muchísimo cariño y que jamás olvidaré.

Por todo ello, quiero darte las gracias. Por darme la vida, por mostrarme la belleza del mundo. Por enseñarme a creer en los sueños y perseguirlos. Por creer ciegamente en mí y sobre todo, por enseñarme a ser feliz.

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