Palabras

Palabras. ¡Cuánto daño pueden hacer unas simples palabras! En ocasiones es difícil escoger las palabras adecuadas para expresar lo que sentimos pero cuando salen del corazón, entonces son la elección acertada. En cambio, cuando las palabras nacen del odio y del rencor, pueden llegar a doler mucho más que un buena bofetada. ¡Joder que si duelen!

Pero siempre hay elección para escogerlas. Cada uno es libre de elegir las palabras que quiera, aunque es importante pensar por un momento, en cómo pueden ser recibidas.

Las palabras son un arma muy poderosa y hay quien las maneja a su antojo. Sabe cuándo arrojarlas y de qué manera, para así producir mucho más daño.

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Pero también están las palabras que ayudan. Estas por ejemplo, que estoy escribiendo yo ahora mismo,  ayudan a mitigar el dolor que otras me han causado.

Ojalá todas las palabras fueran usadas con la misma intención, cualquiera menos la de hacer daño.

Hay quien dice que las palabras se las lleva el viento pero algunas tienen tanto peso que es casi imposible que se eleven y salgan volando.

También hay quien dice que a pesar de la intención de quien las lanza, luego está el poder de quien las recibe.

Tal vez yo carezca de ese poder.

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Nostalgia

Siento nostalgia. Nostalgia de aquellos veranos cuando era pequeña, que pasábamos en la Costa Dorada. Nostalgia de aquellos días de playa y piscina donde mis únicas preocupaciones eran pasármelo bien. Nostalgia de aquellas meriendas tan ricas que nos preparabas amona. Nostalgia de las partidas de cartas y dominó que siempre nos ganabas aitona. Nostalgia de aquellas copas de helado grandísimas que nos comíamos por la noche y que tú amona, siempre acababas terminándote la mía porque una vez más, yo había escogido la más grande, la que tenía hasta bengalas.

Nostalgia de aquellos juegos de pala en la playa. Nostalgia de aquellos maravillosos paseos nocturnos donde recorríamos todos los puestos de artesanía y siempre se me antojaba alguna pulsera.

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Pero fuisteis haciéndoos mayores y nosotras también. Cambiamos el destino de las vacaciones a uno más cercano pero no por ello peor. Siento nostalgia de todos esos veranos posteriores en La Rioja. Nostalgia de todas las personas que conocí. Nostalgia de tomar una copa de zurracapote y de comer chuletillas de cordero al sarmiento en una bodega. Nostalgia de ir a la vendimia y descubrir los entresijos de la elaboración del vino.

Cuando abandoné la adolescencia, mis vacaciones cambiaron. Ahora eras tú, ama, la que proponía viajes de aventuras y que exploráramos juntas sitios nuevos. Nostalgia de descubrir la gran manzana a tu lado. Nostalgia de disfrutar del más bello de los atardeceres en Santorini. Nostalgia de caminar entre los restos de la Acrópolis. Nostalgia de tirar una moneda a la Fontana di Trevi. Nostalgia de estar tumbadas bajo un cocotero en una playa del Caribe. Nostalgia de tomar un mojito en La Habana.

Siento una enorme nostalgia de no poder teneros a todos de nuevo a mi lado.