Un cumpleaños más sin ti

¡Felicidades amatxu! Estas dos simples palabras me gustaría decirte, mirándote a los ojos y dándote un fuerte abrazo. Pero no lo puedo hacer. Ahora tengo que conformarme con decírtelo con el corazón e imaginar que me escuchas. Aunque sé que lo haces porque te llevo dentro de mí y yo, soy parte de ti.

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En mis inmunerables cartas, ya te había contado que Marga y yo nos casamos pero hoy, el día de tu cumpleaños, ya puedo decirte que contamos con la fecha y no queda nada. Sé que es una noticia maravillosa y estoy feliz, muy feliz, te lo prometo pero siempre imaginé que ese día, tú también estarías allí, a mi lado, a nuestro lado, queriéndonos y apoyándonos como siempre lo has hecho.

Va a ser algo sencillo pero se me parte el alma al pensar en tu ausencia. Intentaré ser fuerte y no llorar porque en el momento en que se me escape la primera lágrima, temo no poder parar. Y eso a ti no te gustaría. Sé que harás todo lo posible para estar allí y que me transmitirás ese sentimiento que en ocasiones me haces sentir. Supongo que me cogerás la mano y me susurrarás al oído: “Cierra los ojos y escucha a tu corazón, yo estoy en él”. Entonces los abriré y te veré allí sentada, con tu eterna sonrisa, acompañándonos en ese día tan importante y como siempre, diciéndome: “Todo va a ir bien”.

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Septiembre

Septiembre, ya estás aquí. Antes me gustabas más.

Septiembre, el mes de mi cumpleaños, de tu cumpleaños. Antes me encantabas pero ya no. Cuando llegaba el día catorce, lo primero que hacía al levantarme, era coger el teléfono y llamarte para decirte ¡Felicidades!! Aunque no te lo creas, todavía hoy me levanto con esa sensación, hasta que me doy cuenta de que por mucho que te llame, nunca contestarás. Después, el veintisiete, llega el mío y también sueño con que suena el teléfono y vuelvo a escuchar tu voz, pero una vez más, eso tampoco ocurre.

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Septiembre, mes de recuerdos (aunque no hay un solo día que no te recuerde). En ocasiones hemos celebrado nuestros cumpleaños juntas y en otras, los hemos celebrado en la distancia porque por tu trabajo, no podías escaparte y venir a Sevilla. El otro día Marga me pidió la lista de libros (Sí, hago listas interminables de los libros que quiero) y no pude evitar sonreir al recordar como conspirábais las dos a mis espaldas, para poneros de acuerdo y no regalarme el mismo. Eran unos días de cuchicheos telefónicos y miradas de disimulo, pereo como Marga no sabe disimular, siempre os terminaba cazando. Y después llegaban esos paquetes cargados de libros, siempre con más de los que me esperaba.

A la vez que escribo esto, Marga lo está leyendo y cuando termina, me sonríe con una de sus sonrisas, de esas que dicen, bonito recuerdo, todo va a ir bien, te quiero… y es entonces cuando se calma mi dolor.

Estoy Harta!!!

Estoy muy harta. Llevo una buena temporada que lo único que hago es encontrarme con situaciones que no tienen ni pies ni cabeza. La última por la que estoy tan cabreada ha sido por el recibo de la luz. Después de dos facturas que triplicaban el gasto general de otros meses, mi mujer y yo empezamos a sospechar. Para que os pongais en situación, vivimos en una casa y a ambos lados tenemos vecinos. Estos dos vecinos casualmente son hermanos. Sabemos que son amantes de las plantas pero no como yo que tengo rosas, passifloras, un pequeño huerto. No, ellos no. Ellos son aficionadas a las plantas que te alegran el día (ya me entendéis). Uno de ellos vino a vivir las navidades pasadas ya que tenía la casa alquilada. Desde su llegada los olores de la planta de la risa inundan nuestro patio día sí y día también. Pero bueno, cada uno en su casa es libre de hacer lo que quiera.

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Volvamos a la terrible factura de luz. Hablamos con un electricista y nos aconseja que desconectemos todos los aparatos de casa y nos fijemos si el contador sigue andando. Y como no, el contador seguía corriendo a pesar de no haber actividad eléctrica por nuestra parte (O el contador está estropeado o alguien está enganchado a nuestra luz).

En nuestro patio, hay una caseta construída al fondo que también tiene luz (Mis vecinos también tienen casetas de dos plantas donde albergan las plantitas de la risa). Decidimos cortar esa luz y volià, el contador se paró en seco. Uno de mis vecinos estaba enganchado a nuestra luz. Volvemos a llamar al electricista para que consiga encontrar el enganche, así con la prueba, podríamos reclamar al vecino la parte proporcional de la factura pero al parecer, es casi misión imposible. La luz está llevada por todo el patio y tendría que tirar toda la pared abajo, para encontrar el dichos enganche. Solución: poner un interruptor para cortar la luz de la caseta del fondo y que mi vecino (el jardinero) no me siga robando la luz.

Por todo esto y más cosas estoy más que ¡HARTA! Si un vecino que te roba la luz pero es porque tiene que dar de comer a su hija pequeña (que la tiene), puedo llegar hasta a entenderlo pero para cultivar la dichosa planta y estar todo el día en un estado de gilipollas total, por ahí no paso.

Y para colmo, ayer paseando a miss Dafne, nos cruzamos con un impresentable que iba en una furgoneta en marcha y sus perros atados por fuera de ella. Me da igual que sea cazador y esté entrenando a sus perros porque eso es inaceptable e inhumano. Mi mujer y yo le gritamos un montón de improperios pero ni nos oyó. Con esto solo puedo decir que me avergüenzo del ser humano y de todas las barbaries que puede llegar a cometer. Estoy HARTA de este tipo de gente, de gente sinvergüenza, sin consideración ninguna y sin respeto por nada ni nadie. Estoy muy HARTA!!!

Quiero contarte…

Hoy quiero contarte tantas cosas…

Te fuiste un catorce y desde entonces, cada catorce te escribo. Hoy es dieciseis pero da igual, me apetece contarte muchas cosas.

Quiero que sepas que soy feliz y aunque tu ausencia me sigue rompiendo el alma, siento que no te has ido del todo y que estás aquí, a mi lado, compartiendo todos esos momentos felices que me regala la vida.

En estos días, la culpa de mi felicidad la tiene esa novela que comencé a escribir después de tu marcha y con la que reviví uno de los viajes más hermosos que hemos compartido. Las dos teníamos ganas de conocer Italia y decidíste contratar un tour por las principales ciudades. Tú ibas con ventaja porque ya habías estado en Roma. Recuerdo tu entrañable sonrisa frente a la Fontana di Trevi mientras lanzabas una moneda. “Si quieres volver, tienes que lanzarla”, me dijiste. En ese momento pensé que era tontería (aunque la tiré por si acaso) y años después, volvía a estar allí, delante de la majestuosa fuente, con mi mujer de la mano y echándote de menos.

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Son muchas las reseñas y comentarios que estoy recibiendo acerca del libro y por el momento, todas están siendo maravillosas. Incluso alguna de mis autoras favoritas lo han leído. ¿Se puede pedir más?

Algunas de esas reseñas destacan el acercamiento al mundo del arte, a la figura de Miguel Ángel. ¿Recuerdas cuando estuvimos en la Galeria de la Academia (Florencia) y vimos la escultura del David? Yo protesté ante la prohibición de poder sacar fotografías y tú me dijiste: “No necesitas fotos, es tan impresionante y tan bello que lo recordarás siempre”. Qué razón tenías. Todavía hoy, después de nueve años, sigo recordando cada detalle.

Nunca pensé que este libro conseguiría llegar a tantas personas. Tardé un año en escribirlo. Un año que volví a viajar a tu lado y recorrer esas maravillosas ciudades, Roma, Florencia, Nueva York… Sin duda, fueron unos viajes llenos de anécdotas e increíbles sensaciones que recordaré con muchísimo cariño y que jamás olvidaré.

Por todo ello, quiero darte las gracias. Por darme la vida, por mostrarme la belleza del mundo. Por enseñarme a creer en los sueños y perseguirlos. Por creer ciegamente en mí y sobre todo, por enseñarme a ser feliz.

Un café muy especial

Llego tarde, solo unos minutos. He quedado con alguien muy especial y por nada del mundo quiero llegar tarde. Entonces me paro a pensar y caigo en la cuenta de que hace más de veinte años que no nos vemos. Cuando estoy llegando la veo esperándome en la puerta del bar y cuando nuestras miradas se cruzan, vuelvo a sentirme como aquella niña de entonces que está sentada en supupitre atendiendo (o no, siendo sincera, era bastante charlatana) a sus explicaciones mientras comía uno de sus regalices favoritos. Por aquel entonces yo era bastante pequeña pero recuerdo aquella época con mucho cariño.


Nos encontramos en la red de una forma casi casual (bueno, mi vena periodística me ayudó un poco) y cuál fue mi sorpresa, que me recordabas entre tus much@ alumn@s. Tod@s hemos tenido alguna vez un profesor@ preferid@ y sin duda, tú fuiste mi favorita. Recuerdo que siempre llegaba llorando al colegio pero entonces, tú salías al patio y me cogías la mano. Solo así me calmaba. No había nadie más que pudiera conseguirlo. Todavía recuerdo cómo años más tarde mi madre solía bromear con aquello: “Hasta que no veías a Mila, no parabas de llorar”.

A pesar de que ha pasado mucho tiempo y parecer dos perfectas desconocidas, no lo he sentido así en ningún momento. Todo lo contrario, me has hecho recordar todo el afecto y cariño de antaño.

Pueden pasar los años pero cuando alguien te toca el corazón, eso es para toda la vida.

GRACIAS por ese café tan especial (al próximo invito yo) que espero que sea solo el primero de muchos más.

¿Qué es lo que nos hace diferentes?

Ayer pudo ser un día maravilloso pero se volvió triste. Mi novela estuvo gratis a lo largo del día para todo aquel que quisiera adquirirla. Ante mi asombro, tuvo más de doscientas descargas. Para l@s que no lo sepan, mi novela trata una historia de amor entre dos mujeres (personas). Una historia como cualquier otra, sin etiquetas ni convencionalismos.

Recuerdo que hace tiempo, en una de las opiniones de amazon leí: “La autora se podría haber detenido un poco más en el conflicto de Vicky sobre sus nuevos sentimientos hacia una mujer; pero muy buena historia de todos modos”.

¿Qué conflicto? Enamorarse nunca debería ser un conflicto. Si la otra protagonista hubiera sido un hombre, ¿también hablaríamos de conflicto?

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Nunca he creído en las etiquetas. Siempre he pensado que las personas se enamoran de otras personas por eso, no entiendo la barbarie que tuvo lugar ayer en Orlando. Yo soy una mujer (persona) y estoy enamorada de otra mujer (persona). ¿Eso me hace diferente? ¿Acaso no soy una persona como las demás? ¿Y mi sangre? ¿No es como la de los demás?

Al parecer, NO, no soy como los demás. Pues hoy, más que nunca grito fuerte, muy fuerte:  ¡SOY UNA MUJER QUE AMA A OTRA MUJER! y seguiré escribiendo historias que sigan reflejando el amor en su estado más puro, sin etiquetas ni peros, porque no hay nada más bello y maravilloso que amar intensamente y ser correspondido.

Espero que algún día desaparezca ese odio tan inexplicable y deje de morir gente cuyo único delito ha sido enamorarse.

 

Recuerdos

Últimamente no paro de leer en las redes sociales frases como estas: “No sirve de nada volver al pasado, no va a contarte nada que ya no sepas”, “Es mejor dejar el pasado donde está”, …

Son muchos los días en los que recuerdo mi infancia. A pesar de tener un padre ausente, tuve una niñez maravillosa. Mi madre, junto con mis aitonas, se encargó de que así fuera. Y cuando esas personas que has querido tanto, tu madre, tu amona,  de repente, un día se van para no volver, ¿qué es lo que te queda?

Recuerdos, muchos recuerdos.

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Cuando estoy con mi aitona me gustaría recordar con él todos esos momentos maravillosos que vivimos pero él, está perdiendo sus recuerdos. No puedo evitar pensar que eso también podría pasarme a mí. No puedo ni imaginar lo que sería el no recordar a mi madre.

Todos esos recuerdos me devuelven en cierto modo todo ese amor y ese cariño. Sin ellos, todos los días serían grises y tristes.

No puedo imaginar no recordar los besos de buenas noches de mi amona, los olores de sus maravillosos platos, la sonrisa de mi madre, sus sabios consejos, esas miradas que sin hablar, lo decían todo…

No sería quién soy sin mis recuerdos.

 

Un día de esos

Hoy es un día de esos, un día en el que todo duele. Las lágrimas se escapan sin control y por más que quiero, no puedo evitar sentirme así.

Hoy es un día de esos, un día en el que los recuerdos acuden a mí de una forma casi caprichosa y me dicen a gritos, ¡cuánto te echo de menos!

Hoy es un día de esos, un día en el que a pesar de que luce el sol, es un día gris. Han pasado más de dos años y pienso, ¿cuándo acabará el duelo?

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Entonces escucho a mi corazón que me dicta la respuesta. Nunca, nunca acabará porque no hay, ni habrá un solo día, en el que no te eche de menos.

Hoy es un día de esos, un día en el que me fallan las fuerzas y me vengo abajo, pero tranquila, mañana me pondré tu capa mágica y afrontaré la vida de la misma forma que tú me enseñaste, para disfrutarla cada segundo.

Hoy es un día de esos, un día en el que un abrazo tuyo, curaría todo mi dolor y un consejo tuyo, pondría en orden esta cabeza mía.

Sé que mañana será un día mejor pero hoy, hoy es un día de esos.

 

Nueve años

Hoy hace nueve años que hablamos por primera vez. Navegaba por las redes buscando gente para un programa de televisión en el que trabajaba y de pronto, aparecíste tu. No encajabas con el perfil que estaba buscando pero me gustó mucho la conversación que tuvimos. No sé si lo recuerdas pero hablamos de muchas cosas. Tras dejar claro que tú eras del sur y yo del norte, intercambiamos palabras sobre gastronomía, cine, series y muchas cosas más. Nos despedimos sin compromisos ni promesas, simplemente con un hasta pronto.

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Al día siguiente tuve que viajar para una grabación y pasaron cuatro días hasta que volvimos a conectarnos. Supongo que estuve contando los días para volver a charlar contigo y cuando vi en la pantalla del ordenador tu primer “hola” después de esos cuatro días, las mariposas en mi estómago se posaron y hasta hoy, no han dejado de revolotear.

En estos nueve años, hemos vivido muchas cosas buenas pero también hemos sufrido algunos golpes duros que nos ha deparado la vida. Quiero que sepas que sin ti a mi lado, no habría podido superarlos. La marcha de mi madre ha sido lo más doloroso que me ha ocurrido pero tú siempre has estado y estás ahí, junto a mí, recordándome el espiritu optimista de ella y no dejando que mis ilusiones, nuestras ilusiones, se apaguen.

Hoy, como hace nueve años, se me dibuja una sonrisa cada mañana, al despertarme a tu lado y esos besos de buenas noches, cada día me saben mejor. Desde hace nueve años, sigo sintiendo ese cosquilleo en el estómago cuando oigo tu llave en la cerradura y te veo entrar. No puedo imaginar mi vida sin ti. Aquel 15 de abril, decidí que lo quería todo contigo y hoy, sigo pensando lo mismo.

Feliz Aniversario cariño!!!!!

Dafne

En la mitología griega, Dafne era una ninfa de los árboles que protagonizó una desgraciada historia de amor con Apolo. Eros, enfadado con este por haber bromeado sobre sus habilidades como arquero,  le disparó una flecha con punta de acero para que se enamorase de Dafne. Pero esa flecha provocaba desprecio y desdén. Durante la persecución, Dafne imploró ayuda al diós del río Ladón, quien la transformó en laurel, árbol que desde ese momento se convirtió en sagrado para Apolo.

Cuando escuché su nombre por primera vez, allí en el refugio de animales, sabía que Dafne era el nombre de una ninfa pero no sabía la historia griega que se encondía detrás. Desde ese primer momento en que la vimos, supimos que era una perrita especial.

Mi mujer y yo tenemos dos gatos, Sam y Jack y aunque llevábamos tiempo queriendo adoptar un perro, nos daba miedo que no llegaran a congeniar. A Sam lo tenemos desde pequeñito y a Jack, lo conocimos en una visita al veterinario. Fuimos a que le pusieran la vacuna a Sam y Jack apareció por allí. Se estaba recuperando de unas cuantas operaciones. Al parecer, lo encontraron con un ojo bastante dañado (que perdió) y la mandíbula, la tenía partida en tres partes. Cuando nosotras lo conocimos, ya casi estaba curado. Nos miró con esa carita tan linda que tiene y fue él, el que nos adoptó. La adaptación con Sam no fue fácil al principio. Sam tiene bastante carácter y hasta ese momento había sido el rey de la casa. Fueron unas semanas bastante estresantes para todos pero finalmente, la convivencia se normalizó. Y después de seis años y mucho meditar, decidimos adoptar un perro (Por favor, NO compréis animales, ADOPTAD).

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Rellenamos el cuestionario previo y visitamos el refugio. He de confesar que nunca había estado en uno y la sensación que tuve fue de una tristeza absoluta. A pesar de ver y saber que están bien cuidados, esas caritas jamás se me olvidarán. Todas nos miraban como diciendo “llévame a mí”. Todos buscaban la mayor atención, excepto Dafne, que simplemente miraba y se mantenía en segundo plano. Fue amor a primera vista.

Para ver la reacción de Sam y Jack, trajeron a Dafne un ratito para un primer contacto. Y para asombro nuestro, Sam ni se inmutó. Jack es más curioso e intentó acercarse a ella pero Dafne se asustaba y se apartaba. Esto sucedió un domingo y el lunes al mediodía, firmamos los papeles de la adopción y Dafne vino a su nuevo hogar.

Ha sido una semana bastante ajetreada porque a pesar de que Dafne es muy buena, tiene mucho miedo, sobre todo, al salir a la calle. Tiene dos años y lo único que ha conocido es el refugio. Todo es nuevo para ella y hay que tener mucha paciencia. Sólo quiere estar en el sofá y que la acaricien y es totalmente comprensible. Aunque en esta primera semana, también hemos hecho muchos progresos. A pesar de costarle mucho salir de casa, al final termina haciéndolo y se está acostumbrando a ir al parque. Con Sam y Jack no ha habido ningún confllicto y no ha alterado la tranquilidad de la casa (Es que no os he dicho que nuestra casa es super tranquila).

Todo va viento en popa y estoy segura de que llegará el día en que Dafne supere sus miedos. El otro día soñé con mi madre y me decía: “Esa perrita es un regalo  y va a ser muy especial para vosotras”. Ya lo está siendo amatxu.

Gracias Dafne por elegirnos!!!!